NOTA: CONTINUO AQUÍ CON LA SEGUNDA PARTE DE MI DECLARACIÓN ANTE LA AUTORIDAD COMPETENTE Y ANTE EL PÚBLICO EN GENERAL SOBRE EL ASUNTO DE M. DE M. Y LA SUPUESTA "POLÉMICA" CAUSADA POR LA PUBLICACIÓN DE UN SUPUESTO LIBRO SUPUESTAMENTE BASADO EN HECHOS REALES ("La bola").
(Sugiero amablemente al lector que lea la primera parte, si no lo ha hecho ya, antes de zambullirse con cierto cuidado, las palabras son siempre peligrosas, en esta segunda parte que aquí se ofrece...)
DECLARACIÓN DE A. V. F. SOBRE EL ASUNTO QUE NOS CONCIERNE.
SEGUNDA SESIÓN. CONTINUA EL INTERROGATORIO.
Se me pide que sea más exacto en mis palabras. Lo intentaré, pero la memoria es caprichosa y juega al escondite con los recuerdos. ¿Conocí a la mencionada M. de M. (en adelante “Mar” o “Bola”)? No. Negativo. Jamás llegué a conocerla. Y sinceramente no me importó lo más mínimo. Nunca la consideré “mi jefa” (si se puede llamar así, mi relación jurídica con la revista nunca ha pasado de la categoría de mero “colaborador”, si bien, debo decir, sin ninguna queja por mi parte por ser considerado de tal modo). Para mí, mi “jefe” (me tomo la licencia de llamarlo así), o mis jefes, en plural, mejor dicho, siempre fueron y siguen siendo R. y A. (el subdirector y el director). A Mar siempre le agradecía que tuviera la buena idea de fundar la revista, pero nunca la consideré alguien que en mi trabajo o relación con JD interviniera en modo alguno. Y quiero recalcar esto: tal como se ha dicho en distintos medios parece que todo en la revista estaba bajo el control o supervisión de la citada M. de M. (o “Mar” o “Bola, como se ha referido anteriormente) y eso es una gran falacia. En el día a día de la revista, al menos en la elección de los artículos, Mar no intervenía para nada, al menos en lo que a mí se refiere. Ni siquiera sé (ni creo que sea relevante para el asunto que nos ocupa) si llegaba a leer mis artículos, no ya antes de ser publicados, sino incluso, DESPUÉS de ser publicados. ¿Los leía? ¿Le gustaban? No lo sé. En JD se publicaban artículos de excelente calidad todos los días (y se siguen publicando). No voy a pecar de modesto, mis artículos son magníficos, pero eso no tiene nada de especial: todos los artículos de JD son magníficos. Por eso están allí. Yo jamás me atrevería a enviarles un artículo que no considerara magnífico y ellos jamás publicarían un artículo que no fuera magnífico. Eso es lo que hace tan grande a JD (y me batiré en duelo a espada o a pistola con quién ose decir lo contrario). En todo caso, respecto al asunto objeto de esta declaración, jamás tuve otro control a la hora de publicar que el lógico control estupendamente ejercido por dos personas (los ya mencionados R. y A.) que a veces, debo decirlo, rechazaban algún artículo mío (no por su calidad sino por otros motivos que no viene al caso explicar), que otras veces me aceptaban el artículo pero me sugerían cambios (muy adecuados siempre, debo decir) y otras veces aceptaban el artículo tal y como estaba, sin necesidad de cambio alguno. Todo esto me parecía y me parece lógico y en todo este proceso (que se repetía con cientos de colaboradores) la fundadora de la revista (Mar, o M. de M. o “Bola”), no ejercía el mínimo papel ni tenía la menor influencia, al menos hasta donde yo sé (nunca se puede saber lo que pasa en un lugar que está en la otra punta del país, donde otras personas deciden sobre tus artículos, a pesar de la moderna tecnología de la que gozamos actualmente aún no podemos meternos en la mente de esas personas, pero sí debemos confiar en sus actos y sus palabras, cuando nada nos indica que no debamos hacer lo contrario…). Por tanto, repito, para que quede claro: Mar (o M. de M. o “Bola”) no era la directora de la revista, ni ejercía como tal. Tuvo un papel fundamental (y eso es un mérito que nadie le puede quitar, por mucho que se le haya pretendido calumniar por ciertas personas movidas por oscuros motivos que no vienen al caso explicar aquí) en el origen de la revista (y siempre tendrá mi más sincero agradecimiento), pero en el día día, a la hora de la verdad, los que mantenían el barco a flote y lo guiaban en la dirección correcta eran R. y A. (subdirector y director), además de otros trabajadores de la plantilla como R. C. (que se ocupaba de la revista en papel) y otros cuyos nombres o bien no recuerdo o bien no sé si estoy autorizado a revelar. En resumen, y vuelvo a recalcarlo (perdonen si resulto insidioso) Mar no era JD ni JD era Mar.
¿Qué estoy negando cualquier actividad de la citada M. de M. (o “Bola” o “Mar) en la revista? Sí y no… Me explicaré. Es cierto que ella fundó la revista (con ese que han llamado despectivamente y muy injustamente, debo decir, “socio sevillano”, y que no es otro que A., el director de JD), es cierto que ella consiguió la implicación (o colaboración escrita, para ser más exactos) de grandes personajes de la literatura española (lo cual otorgaba prestigio a la revista), como también es cierto que se ocupaba de contestar, comentar y participar de diversos modos en las acciones de la revista en las redes sociales (en especial la llamada red “Twitter”, actualmente “X”, y de hecho de ahí viene el apodo de “Bola”), pero al margen de esto (y no le quito un ápice de su gran mérito), el resto de los procesos que permitían el funcionamiento correcto de la revista estaban bajo la supervisión de otras personas, como ya he mencionado.
EL DECLARANTE DECLARA QUE NO QUIERE CONTINUAR RESPONDIENDO A LA ANTERIOR PREGUNTA, POR CONSIDERARLO REDUNDANTE. SEGÚN SUS PALABRAS: “los que quieren mentir van a seguir mintiendo, la verdad se esconde ante los gritos de la mentira pero los gritos de la mentira no taparán el silencio de los hechos”.
CONTINUACIÓN DE LA DECLARACIÓN DE A. V. F.
Sí, yo dije públicamente que “Jot Down (En adelante JD) paga incluso cuando no tiene que pagar”. ¿Puedo ser más exacto? Sí, pondré un ejemplo.
Como ya comenté en la sesión anterior en el año 2015 fui invitado a una cena en un hotel de Barcelona. Cogí un tren y me fui allí, dispuesto a conocer a otros muchos colaboradores y personal de JD. La cena fue estupenda y yo, como hacía siempre, me llevé dos cámaras fotográficas (digitales, siempre uso de ese tipo, y no de gran tamaño, dos cámaras discretas que me permiten un cierto grado de clandestinidad o anonimato que considero absolutamente necesario para poder ejercer mi labor). Pocas personas se dieron cuenta, tal y como tenía planeado, de que durante toda la cena fueron objetivo de mis objetivos (si se me permite ser redundante, cosa que no suelo hacer pero en este caso considero muestra de una fina astucia léxica, lo cual me llena de íntima satisfacción).
Después del fin de semana (ya que estaba allí me quedé el fin de semana, algo difícil de entender dado que mi situación económica seguía siendo muy precaria, como ya expliqué en la parte primera de mi declaración, pero que sin embargo yo consideraba un gasto plenamente justificado), y habiendo hecho una selección previa al regresar a mi domicilio habitual (no viene al caso dar más detalles), le envié un email con un archivo adjunto a A. (el director de JD, como ya es sabido). Mi intención no era otra que compartir con él algunas de las fotografías que había tomado, sin ningún propósito de orden superior por mi parte. Ustedes pueden imaginar cual fue mi sorpresa ante la respuesta de A.:
Hazme una factura.
¿Pero si son fotos para ti? No son fotos para publicar…
Da igual, hazme la factura, te las pago al precio habitual.
Las fotos no se han publicado nunca. Son fotos de una cena de carácter privado, que yo hice voluntariamente, que nadie me pidió, y, no obstante, el director de JD consideró que debían ser parte del archivo de la revista y como tal debían ser pagadas como si se tratara de un encargo. Y sí, en efecto fueron pagadas. Y sí, esa fue la primera vez que cobré por una foto, de modo que debo decir que mi estreno como fotógrafo se produjo gracias a A. (el director de JD) y de ese modo tan imprevisto. En conclusión: me pagaron unas fotos que yo ni me había planteado que debían ser pagadas, unas fotos a las que jamás de los jamases había pensado poner precio (y me las pagaron muy bien, lo mismo que los artículos). Comprenderán pues cual es mi enfado cuando leo cosas como “JD no paga sus colaboraciones”. No, nada de eso. JD paga incluso lo que no tiene ninguna necesidad, ningún motivo para pagar. ¿De qué otra revista se puede decir lo mismo?
Parece que he abierto la caja de Pandora… Fotografías… Dichosas fotografías… ¿Tuve conocimiento de esas supuestas fotos supuestamente mandadas por la citada persona objeto de esta declaración por parte de la persona aquí presente? Sí, debo ser sincero. Me contaron esa historia. Pero debo recordar mis palabras de la sesión anterior. En JD todos los días circulaban historias increíbles. Y esa historia no era más increíble que las otras. Por tanto, no le di la más mínima importancia. No puedes pedir a personas extraordinarias que actúen siempre de modo ordinario. Tampoco puedes pedirles que no se equivoquen o sean caprichosas o tengan un carácter muy particular, no, “los Dioses son Dioses porque no se piensan”, que dijo cierto escritor portugués cuyo nombre ahora no recuerdo… ¿Cómo era?... ¿Era…? ¡Pessoa! Ya me acuerdo… ¿O era Ricardo Reis? Ah, vaya, qué fastidio, no me acuerdo… Déjenme pensarlo un momento…
FINALIZA DE DECLARACIÓN DE A. F. V. EN ESPERA DE POSIBLES CITACIONES EN UN FUTURO INMEDIATO O NO IMNEDIATO.

No hay comentarios:
Publicar un comentario