martes, 28 de julio de 2026




NOTA: CONTINUO AQUÍ CON LA SEGUNDA PARTE DE MI DECLARACIÓN ANTE LA AUTORIDAD COMPETENTE Y ANTE EL PÚBLICO EN GENERAL SOBRE EL ASUNTO DE M. DE M. Y LA SUPUESTA "POLÉMICA" CAUSADA POR LA PUBLICACIÓN DE UN SUPUESTO LIBRO SUPUESTAMENTE BASADO EN HECHOS REALES ("La bola").

(Sugiero amablemente al lector que lea la primera parte, si no lo ha hecho ya, antes de zambullirse con cierto cuidado, las palabras son siempre peligrosas, en esta segunda parte que aquí se ofrece...)




DECLARACIÓN DE A. V. F. SOBRE EL ASUNTO QUE NOS CONCIERNE. 
SEGUNDA SESIÓN. CONTINUA EL INTERROGATORIO.


Se me pide que sea más exacto en mis palabras. Lo intentaré, pero la memoria es caprichosa y juega al escondite con los recuerdos. ¿Conocí a la mencionada M. de M. (en adelante “Mar” o “Bola”)? No. Negativo. Jamás llegué a conocerla. Y sinceramente no me importó lo más mínimo. Nunca la consideré “mi jefa” (si se puede llamar así, mi relación jurídica con la revista nunca ha pasado de la categoría de mero “colaborador”, si bien, debo decir, sin ninguna queja por mi parte por ser considerado de tal modo). Para mí, mi “jefe” (me tomo la licencia de llamarlo así), o mis jefes, en plural, mejor dicho, siempre fueron y siguen siendo R. y A. (el subdirector y el director). A Mar siempre le agradecía que tuviera la buena idea de fundar la revista, pero nunca la consideré alguien que en mi trabajo o relación con JD interviniera en modo alguno. Y quiero recalcar esto: tal como se ha dicho en distintos medios parece que todo en la revista estaba bajo el control o supervisión de la citada M. de M. (o “Mar” o “Bola, como se ha referido anteriormente) y eso es una gran falacia. En el día a día de la revista, al menos en la elección de los artículos, Mar no intervenía para nada, al menos en lo que a mí se refiere. Ni siquiera sé (ni creo que sea relevante para el asunto que nos ocupa) si llegaba a leer mis artículos, no ya antes de ser publicados, sino incluso, DESPUÉS de ser publicados. ¿Los leía? ¿Le gustaban? No lo sé. En JD se publicaban artículos de excelente calidad todos los días (y se siguen publicando). No voy a pecar de modesto, mis artículos son magníficos, pero eso no tiene nada de especial: todos los artículos de JD son magníficos. Por eso están allí. Yo jamás me atrevería a enviarles un artículo que no considerara magnífico y ellos jamás publicarían un artículo que no fuera magnífico. Eso es lo que hace tan grande a JD (y me batiré en duelo a espada o a pistola con quién ose decir lo contrario). En todo caso, respecto al asunto objeto de esta declaración, jamás tuve otro control a la hora de publicar que el lógico control estupendamente ejercido por dos personas (los ya mencionados R. y A.) que a veces, debo decirlo, rechazaban algún artículo mío (no por su calidad sino por otros motivos que no viene al caso explicar), que otras veces me aceptaban el artículo pero me sugerían cambios (muy adecuados siempre, debo decir) y otras veces aceptaban el artículo tal y como estaba, sin necesidad de cambio alguno. Todo esto me parecía y me parece lógico y en todo este proceso (que se repetía con cientos de colaboradores) la fundadora de la revista (Mar, o M. de M. o “Bola”), no ejercía el mínimo papel ni tenía la menor influencia, al menos hasta donde yo sé (nunca se puede saber lo que pasa en un lugar que está en la otra punta del país, donde otras personas deciden sobre tus artículos, a pesar de la moderna tecnología de la que gozamos actualmente aún no podemos meternos en la mente de esas personas, pero sí debemos confiar en sus actos y sus palabras, cuando nada nos indica que no debamos hacer lo contrario…). Por tanto, repito, para que quede claro: Mar (o M. de M. o “Bola”) no era la directora de la revista, ni ejercía como tal. Tuvo un papel fundamental (y eso es un mérito que nadie le puede quitar, por mucho que se le haya pretendido calumniar por ciertas personas movidas por oscuros motivos que no vienen al caso explicar aquí) en el origen de la revista (y siempre tendrá mi más sincero agradecimiento), pero en el día día, a la hora de la verdad, los que mantenían el barco a flote y lo guiaban en la dirección correcta eran R. y A. (subdirector y director), además de otros trabajadores de la plantilla como R. C. (que se ocupaba de la revista en papel) y otros cuyos nombres o bien no recuerdo o bien no sé si estoy autorizado a revelar. En resumen, y vuelvo a recalcarlo (perdonen si resulto insidioso) Mar no era JD ni JD era Mar.

¿Qué estoy negando cualquier actividad de la citada M. de M. (o “Bola” o “Mar) en la revista? Sí y no… Me explicaré. Es cierto que ella fundó la revista (con ese que han llamado despectivamente y muy injustamente, debo decir, “socio sevillano”, y que no es otro que A., el director de JD), es cierto que ella consiguió la implicación (o colaboración escrita, para ser más exactos) de grandes personajes de la literatura española (lo cual otorgaba prestigio a la revista), como también es cierto que se ocupaba de contestar, comentar y participar de diversos modos en las acciones de la revista en las redes sociales (en especial la llamada red “Twitter”, actualmente “X”, y de hecho de ahí viene el apodo de “Bola”), pero al margen de esto (y no le quito un ápice de su gran mérito), el resto de los procesos que permitían el funcionamiento correcto de la revista estaban bajo la supervisión de otras personas, como ya he mencionado. 


EL DECLARANTE DECLARA QUE NO QUIERE CONTINUAR RESPONDIENDO A LA ANTERIOR PREGUNTA, POR CONSIDERARLO REDUNDANTE. SEGÚN SUS PALABRAS: “los que quieren mentir van a seguir mintiendo, la verdad se esconde ante los gritos de la mentira pero los gritos de la mentira no taparán el silencio de los hechos”.


CONTINUACIÓN DE LA DECLARACIÓN DE A. V. F.


Sí, yo dije públicamente que “Jot Down (En adelante JD) paga incluso cuando no tiene que pagar”. ¿Puedo ser más exacto? Sí, pondré un ejemplo.

Como ya comenté en la sesión anterior en el año 2015 fui invitado a una cena en un hotel de Barcelona. Cogí un tren y me fui allí, dispuesto a conocer a otros muchos colaboradores y personal de JD. La cena fue estupenda y yo, como hacía siempre, me llevé dos cámaras fotográficas (digitales, siempre uso de ese tipo, y no de gran tamaño, dos cámaras discretas que me permiten un cierto grado de clandestinidad o anonimato que considero absolutamente necesario para poder ejercer mi labor). Pocas personas se dieron cuenta, tal y como tenía planeado, de que durante toda la cena fueron objetivo de mis objetivos (si se me permite ser redundante, cosa que no suelo hacer pero en este caso considero muestra de una fina astucia léxica, lo cual me llena de íntima satisfacción). 

Después del fin de semana (ya que estaba allí me quedé el fin de semana, algo difícil de entender dado que mi situación económica seguía siendo muy precaria, como ya expliqué en la parte primera de mi declaración, pero que sin embargo yo consideraba un gasto plenamente justificado), y habiendo hecho una selección previa al regresar a mi domicilio habitual (no viene al caso dar más detalles), le envié un email con un archivo adjunto a A. (el director de JD, como ya es sabido). Mi intención no era otra que compartir con él algunas de las fotografías que había tomado, sin ningún propósito de orden superior por mi parte. Ustedes pueden imaginar cual fue mi sorpresa ante la respuesta de A.:
Hazme una factura.
¿Pero si son fotos para ti? No son fotos para publicar… 
Da igual, hazme la factura, te las pago al precio habitual.

Las fotos no se han publicado nunca. Son fotos de una cena de carácter privado, que yo hice voluntariamente, que nadie me pidió, y, no obstante, el director de JD consideró que debían ser parte del archivo de la revista y como tal debían ser pagadas como si se tratara de un encargo. Y sí, en efecto fueron pagadas. Y sí, esa fue la primera vez que cobré por una foto, de modo que debo decir que mi estreno como fotógrafo se produjo gracias a A. (el director de JD) y de ese modo tan imprevisto. En conclusión: me pagaron unas fotos que yo ni me había planteado que debían ser pagadas, unas fotos a las que jamás de los jamases había pensado poner precio (y me las pagaron muy bien, lo mismo que los artículos). Comprenderán pues cual es mi enfado cuando leo cosas como “JD no paga sus colaboraciones”. No, nada de eso. JD paga incluso lo que no tiene ninguna necesidad, ningún motivo para pagar. ¿De qué otra revista se puede decir lo mismo?

Parece que he abierto la caja de Pandora… Fotografías… Dichosas fotografías… ¿Tuve conocimiento de esas supuestas fotos supuestamente mandadas por la citada persona objeto de esta declaración por parte de la persona aquí presente? Sí, debo ser sincero. Me contaron esa historia. Pero debo recordar mis palabras de la sesión anterior. En JD todos los días circulaban historias increíbles. Y esa historia no era más increíble que las otras. Por tanto, no le di la más mínima importancia. No puedes pedir a personas extraordinarias que actúen siempre de modo ordinario. Tampoco puedes pedirles que no se equivoquen o sean caprichosas  o tengan un carácter muy particular, no, “los Dioses son Dioses porque no se piensan”, que dijo cierto escritor portugués cuyo nombre ahora no recuerdo… ¿Cómo era?... ¿Era…?  ¡Pessoa! Ya me acuerdo… ¿O era Ricardo Reis? Ah, vaya, qué fastidio, no me acuerdo… Déjenme pensarlo un momento… 



FINALIZA DE DECLARACIÓN DE A. F. V. EN ESPERA DE POSIBLES CITACIONES EN UN FUTURO INMEDIATO O NO IMNEDIATO.






 

lunes, 27 de julio de 2026

 




HOY TENÍA CITA PARA HACER MI DECLARACIÓN SOBRE EL ASUNTO M. DE M Y EL SUPUESTO LIBRO QUE SUPUESTAMENTE CUENTA SU HISTORIA ("La bola"). 

LA DECLARACIÓN ES LA QUE SIGUE. COMO EL ASUNTO QUE NOS OCUPA ES MUY PROFUNDO, ESTA DECLARACIÓN SOLO BAJA HASTA UN NIVEL INTERMEDIO, DEJANDO LA CAÍDA FINAL PARA OTRA OCASIÓN POSTERIOR.




DECLARACIÓN DE A. V. F. SOBRE EL ASUNTO QUE NOS CONCIERNE. 



No supe de la existencia de la citada M. de M. hasta el 2015 aproximadamente. Para entonces ya llevaba unos tres años colaborando con la revista (Jot Down, en adelante JD). Mi colaboración con la revista (JD) fue totalmente accidental. En aquel momento yo quería publicar una novela. Tenía relación con algunos editores, pero nunca llegaba a publicar nada (entiéndase por “nada” el acto de publicar en papel una obra de tamaño considerable, eso que algunas personas llaman “novela”, con lo cual se descartan las colaboraciones en revistas literarias, que me proporcionaban un placer culpable y sucio que muy pronto se extinguía, dando paso a la desesperación más absoluta). Mis circunstancias familiares y laborales eran extremadamente complicadas. De hecho aquí habría que abrir un gran paréntesis, pero dado que esta declaración no admite más demoras, me limitaré a señalar que dichas circunstancias ya fueron extensamente tratadas por el autor de esta declaración (Alfonso Vila Francés, en adelante “A.V.F”) en su libro “Vida de parado”. Dicho esto, y en caso de ser necesaria una aclaración adicional, el autor de esta declaración (A.V.F) recomienda la lectura de varias reseñas publicadas en el momento de la aparición del mencionado libro (NOTA: se adjuntarán los enlaces correspondientes por ser reseñas publicadas en revistas digitales). 


Se me pide que continúe sin más rodeos… Intentaré en lo sucesivo no incluir más palabras de las estrictamente necesarias en el presente escrito. 


En el 2012 apareció mi primer articulo en la revista (JD). Como he dicho antes fue algo totalmente accidental. En aquel momento mi único interés era publicar una novela. En medio de un mar en calma, sin ningún viento que me dirigiera a ningún lugar en concreto, apareció una persona que se iba a convertir en mi primer “salvador” sin la menor intención serlo…  (Acotación de A. V. F.: las comillas deben respetarse, puesto que el citado A.V.F. no cree en el destino ni en nada parecido, con lo cual ese supuesto salvador no actuó movido inconscientemente por ninguna fuerza de orden superior, sino que todo se debió al más estricto azar). Se intenta reproducir la conversación que tuvo lugar en algún momento del verano del año 2011, sin poder precisar una fecha más exacta… 

Sujeto uno (A.V.F): No sé cómo conseguir publicar la novela

Sujeto dos (E. B.): Tienes que hacerte conocido en internet. Escribe artículos. Las editoriales se fijarán en ti si eres conocido.

Aclaración sobre el sujeto dos: se trataba del hijo de un matrimonio amigo de mis padres, que había venido de visita junto con sus progenitores. Lo interesante del sujeto dos es que pertenecía al mundo editorial, puesto que trabajaba (y continua trabajando) en una editorial con sede en la capital de España (Madrid). Este conocimiento del interior del funcionamiento del mercado editorial era un elemento que el sujeto uno (A.V.F) tuvo muy en cuenta antes de formular la pregunta que iniciará todo el proceso que llevará al lugar en el que actualmente nos encontramos. 

Dicha pregunta era:

¿Y Cuál es la mejor revista digital? (Nota: el autor de esta declaración no recuerda si uso el término “digital” o no, tampoco recuerda exactamente cuál fue su pregunta, pero en todo caso lo importante fue la respuesta del sujeto dos (E. B.). Esta respuesta fue:

La mejor revista es JD.

Llegado aquí es importante señalar que el autor de esta declaración (A. V. F.) señala expresamente que hasta ese momento jamás había oído hablar de la citada revista (JD) y que por tanto no tenía ninguna noticia o conocimiento sobre su origen, modo de funcionamiento, etc. Por tanto, cabe llegar a la conclusión de que, según su declaración, no tenía el menor conocimiento o noticia o idea formada en su cabeza o intuición subconsciente (o no consciente) de la existencia de la referida M. de M., la persona o ente corporal que nos ocupa en este asunto. 


El declarado se toma un descanso de varios minutos antes de seguir con la declaración.


Continuación de la declaración de A. V. F. sobre el asunto que nos ocupa.


Meses después de aquel encuentro fortuito envié mi primer artículo a JD. No conocía a nadie. Lo envié a la dirección de contacto que figuraba en la página web de la revista. Mi motivación era clara: no tenía nada que perder. Como he dicho mis circunstancias en aquel momento eran muy complicadas (Nota: me niego a emplear el término “dramáticas”, que tal vez sería el más adecuado: había personas en peor situación que yo, sin embargo sin ser “dramáticas” me dejaban todos los días pensando seriamente en la posibilidad de caerme por la ventana (acotación subsiguiente: tenía que ser “accidental”, porque la hipoteca del piso que no podíamos pagar por estar en el paro tanto mi mujer como yo tenía una cláusula que cubría mi defunción accidental, pero solo si esta defunción era accidental. En otras palabras: si estaba vivo el banco se podía quedar mi casa, si estaba muerto el seguro pagaba mi hipoteca y mi mujer y mis hijos podían mantener la casa). Naturalmente la idea de una muerte accidental no me resultaba atractiva en ningún aspecto, pero lo cierto es que todas las noches me veía atrapado en una serie de pesadillas de las que me resultaba casi imposible escapar. Y aquí es cuando tengo que recalcar la palabra “casi”, porque lo cierto es que desde hacía meses tenía una pequeña vía de escape: escribir en mi blog.


Para hablar de la existencia de este blog tengo que recordar otra conversación con mi mujer. En dicha conversación mi mujer (A C. G., el autor de esta declaración carece de permiso explícito para revelar otra cosa que no sean sus iniciales y por tanto prefiere ceñirse a los mínimos datos básicos) me dijo textualmente (el autor de esta declaración declara recordar perfectamente la respuesta de la referida A. C. G): “todo eso que me dices a mí por qué no lo escribes en alguna parte”. Esta respuesta provocó una sonrisa irónica por parte de A. V. F. “Para qué, pensó, si no lo va a leer nadie”. No obstante, puesto que no tenía nada que perder (y mucho que olvidar), el autor de la declaración que nos ocupa decidió crear un blog (de carácter digital, entiéndase), que luego dio lugar a otro blog y luego a otro más y así hasta un total de cinco blogs, en los que en un principio el autor escribía pequeños textos o subía algunas fotos de su autoría. 


Estos blog, efectivamente, no tuvieron ningún éxito, si se entiende por “éxito” la existencia de, como mínimo, un lector.  Pese a todo el autor de esta declaración no optó por eliminar sus blogs. Al contrario, continuó su plan trazado desde el verano anterior (recuérdese el fortuito encuentro con E. B) y consumó su traición a la vida estrenándose como usuario de una red social conocida como Twitter (en la actualidad X). En este momento, otoño-invierno del año 2012 (el autor de esta declaración no puede proporcionar una fecha más precisa), aparecen pues tres elementos fundamentales: un blog, un perfil en Twitter y el deseo de publicar en una revista de la que no conocía casi nada (solo lo que había visto en internet) llamada JD.  Y aquí se va a producir el primer hecho realmente importante de todo el asunto que nos ocupa. El autor de esta declaración envió un email a la sección de contacto de la citada revista.


Se aplaza la declaración de A. V. F. por descanso del personal.




CONTINUA LA DECLARACIÓN DE A. V F.


La respuesta de mi email fue la esperada: una persona desconocida (que identificaremos con las iniciales L. M.) me contestó en nombre de la revista de manera educada pero no positiva, es decir, negativa, es decir, no necesitaban mi artículo, no necesitaban mi colaboración, no necesitaban mi palabras sabias, no necesitaban mi capacidad de síntesis, mis conocimientos, mi cultura, mi riqueza intelectual, mi talento (en una palabra). Naturalmente, llegado a este punto no tenía nada que perder. Y no pensaba rendirme…  ¿Cómo era posible que el mundo de la literatura se quedara sin ese gran escritor que era yo (aunque el mundo de la literatura aún no se hubiera dado cuenta de lo que se estaba perdiendo…)? No, eso no podía pasar. 


Sin pensármelo dos veces, con la temeridad del desesperado, envié un segundo email, y además tuve la osadía de incluir en él mi primer artículo, el que iba a ser mi primer artículo en JD. Las palabras que acompañaban al artículo “no solicitado” (y que yo había mandado de todas maneras) eran muy breves: le contaba mi situación actual (sin dramatismo y escuetamente: “entre tirarme por la ventana y enviaros este artículo, prefiero hacer lo segundo”) y les decía que estaba dispuesto a publicar gratis. Lo de “gratis” me pareció lógico. No podía obligarles a pagarme por algo que no me lo habían pedido, que de hecho habían rechazado en una primera instancia. Tengo que aclarar que además de lo de “tirarme por la ventana”, que ya he dicho que era algo en lo que pensaba prácticamente todos los días en aquella época, les había confesado algo muy íntimo: aceptar que mis conocimientos sobre, por poner un ejemplo, un poeta georgiano llamado Stalin (nota: Stalin es un apodo) no servían para nada, ni tenían valor alguno, era aceptar mi fracaso absoluto en la vida, y yo, pese a todo, y sin ser dramático, aún seguía pensando que podía ser un buen escritor, que mi novela era buena, que tenía que publicarla, que, incluso, aunque estaba en el paro, podía ser un buen profesor (y si no podía enseñar en ningún colegio o instituto, al menos podría escribir artículos), en resumen, que yo, pese a todo, aún tenía ganas de pelear… El resultado de esta pelea absurda de la literatura y la cultura es siempre una derrota, por supuesto, ni me engañaba entonces ni me engaño. Pero a veces hay que salir a pelear. Porque podremos perdonarnos muchas cosas, pero no perder indignamente, y para perder dignamente hay que salir a pelear. Y pelear, no con fuerza bruta, no con golpes ciegos, sino con la cabeza fría del condenado que no tiene nada que perder.


Se me pide que continúe con mi declaración sin rodeos indebidos. Dado que es la segunda advertencia que tengo en estos términos procuraré pisar el acelerador y seguir el camino previsto sin mayor demora.


Pero el camino es largo… Y tiene muchos senderos que te pueden despistar… 


Podría decir “extrañamente” pero no. No fue nada extraño. Es lo que pasa cuando pones a personas inteligentes y que saben hacer su trabajo en un lugar donde se requiere la experiencia de ese tipo de personas. La persona que contestaba “no” al todo el mundo. La persona que tenía que contestar con un “no” a cientos y cientos de emails como el mío, en lugar de darme una segunda respuesta negativa lo que hizo fue molestarse en leer en artículo que le había enviado. Y recalco la palabra “molestarse”, porque podía perfectamente no haberlo hecho. Yo había sido pesado. Ellos ya me habían rechazado. Yo había insistido. Ellos podían ignorarme… Pero no lo hicieron… Al contrario… La respuesta fue: “nos ha gustado el artículo, te lo vamos a publicar, no te podemos pagar, pero puedes enviarnos más artículos si quieres”. Y ahí empezó todo.


Se aplaza la declaración de A. V. F. por petición del interesado.


CONTINUA LA DECLARACIÓN DE A. V. F SOBRE EL ASUNTO QUE NOS OCUPA.


Se ha dicho que “JD no pagaba a sus colaboradores”. Eso es mentira. De hecho la noticia debería ser exactamente la contraria: “JD paga a sus colaboradores, no como otras revistas”. Y digo “no como otras revistas” pero eso es quedarse corto, porque la inmensa mayoría de las revistas culturales (entendiendo la “cultura” como algo muy general, desde revistas de viajes a revistas de cocina, pasando por revistas de historia, de automóviles, de numismática, de caza, etc…) NO PAGAN A SUS COLABORADORES, o en todo caso les dan tan poco dinero que más que un pago parece una limosna. Esa es la verdad y no voy a molestarme ni en rebatir cualquier argumento contrario, porque he escrito en muchísimas revistas (digitales y en papel) y en la única que he cobrado mis artículos (y a buen precio..) ha sido en JD. Y punto final. O debería ser punto y final, porque siempre hay personas interesadas en manipular la realidad, en cortar y ocultar lo que no les interesa, o en retorcer y retorcer los hechos hasta que les dan la forma que ellos desean… Sí, los dos primeros artículos no los cobré. Y me pareció bien. Hay que tener en cuenta que lo primero que me habían dicho en su primera respuesta fue: “no podemos permitirnos más colaboradores”. Pero conmigo habían hecho una excepción. Me habían publicado mi artículo, y me habían abierto la puerta a enviarles más artículos siempre que quisiera. Me decían que “no podían pagar”, no que “no querían pagar” y ahí hay una diferencia. Por supuesto que me podían estar engañando. Pero hay un hecho evidente: el tercer artículo, que iba para la revista en papel, me lo pagaron. No se lo pedí yo. Lo decidieron ellos y me lo dijeron sin que yo se lo pidiera. Y ahí está la clave: si ellos no hubieran dicho nada, yo les hubiera seguido enviando artículos gratis, porque en aquel momento (y contra toda lógica: lo que más falta me hacía en el mundo era dinero), yo estaba muy contento de publicar artículos en JD, porque esos artículos se leían, y así el plan trazado hacía un año ya (y ese objetivo final siempre estaba en mi cabeza: publicar una novela) se estaba cumpliendo, o al menos iba avanzado en la dirección adecuada. Con cada artículo publicado yo me hacía más conocido. Me convertí en colaborador habitual y una editorial de Sevilla que acababa de aparecer se fijó en mí. Contacté con ellos por email y su respuesta fue: “Sí, te conocemos, nos gustan tus artículos. Enviamos tu novela”. Y sí, esa era la respuesta que llevaba un año esperando… Y sí, les envíe la novela. Y les gustó. Y se publicó. Mi primera novela. ¿Cambió mi vida? No, yo seguía en el paro. Si no pagaba la hipoteca el banco se quedaba mi piso. Pero escribía en JD (lo confieso, le cogí gusto…) y además ya tenía una novela publicada. Era un comienzo. Era lo que quería hacer. Era lo que me mantenía vivo.




DECLARACIÓN DE A. V. F. SOBRE EL ASUNTO DE NOS CONCIERNE

(PLIEGO SEGUNDO)


En la primera parte de mi declaración admitía haber conocido la existencia de la persona conocida como M. (en aquel momento “la bola”, sin más señas) en el año 2015 “aproximadamente”. Me reafirmo en mi declaración inicial. En mis primeras colaboraciones con la revista solo tuve contacto con su subdirector, R. y su director, A. Y eso contacto fue exclusivamente vía email, con la excepción de alguna comunicación breve por Twitter (puesto que nos convertimos mutuamente en lo que se llama en el argot de la red “seguidor”, es decir una persona que tiene acceso a los comentarios de la otra, y puede “interactuar” con ella, es decir, puede responder y comentar sus comentarios previos de manera pública o privada, con la herramienta llamada “mensaje privado”, que actualmente ha cambiado de nombre pero no de naturaleza, si bien este dato es irrelevante para la declaración que nos ocupa). No sería hasta finales del año 2014 o principios del 2015 cuando se produjo en primer encuentro físico con el personal que formaba parte de la revista. Aunque no puedo precisar fecha exacta (lo siento mucho, sería de gran valor para esta declaración, pero mi memoria no es una máquina perfecta) lo que sí puedo afirmar y afirmo con rotundidad es que dicho encuentro se produjo a raíz de una presentación de un libro o número de la revista que tuvo lugar en una librería de la calle Cádiz de Valencia. Allí, en una conocida librería de Valencia, como ya he dicho, conocí en persona a R. (subdirector) , a A. (director) y a otros colaboradores o personal en plantilla de JD, pero nadie me habló de M., por tanto la existencia de esta persona me seguía siendo totalmente desconocida.


En el año 2015, si no recuerdo mal, tuvo lugar una cena de las que se suelen llamar “de trabajo” en un hotel de Barcelona. Me invitaron y fui. Allí recuerdo que escuché a hablar a A., el director de JD, sobre una socia de la revista que no estaba en la cena porque nunca iba a ningún acto ni nadie la conocía en persona. Aquello me sorprendió un poco pero no demasiado. Por aquel entonces mi conocimiento de las personas que de un modo y otro formaban parte de la revista ya era suficientemente sólido como para poder intuir que no se trataba de lo que solemos llamar “gente corriente”, es decir que eran personas muy particulares con unos comportamientos muy particulares. Otro colaborador de JD lo expresó de manera pública en cierta ocasión con las palabras: “En JD todos son unos frikis”. Nota: curiosamente él no se consideraba a sí mismo “friki”, lo cual desmentía su afirmación. Y tengo que añadir que el director, A., que había escuchado la afirmación, contestó negativamente, con el argumento de que “Alfonso (es decir yo mismo) está en JD y no es friki”. A lo cual yo me apresuré en responder que me sentía muy ofendido por no ser considerado “friki”, pero lo que pasaba es que yo era un “friki” encubierto, un “friki” camuflado de persona “normal”, un “friki” secreto y clandestino, pero en el fondo tan “friki” como cualquiera de los allí presentes. (Nota: dícese “friki” de una persona “extravagante o rara o que siente una pasión muy grande o obsesiva por una afición específica”, según la RAE). Este adjetivo calificativo tiene su importancia porque muchas veces ha sido utilizado por los enemigos de la revista (que son muchos y taimados) como un insulto, cuando en realidad para mí, debo decir, en aquel momento era un orgullo ser un “friki” (o “friqui”) de JD. Y lo sigue siendo.


Sin intentar desviarme más (pido perdón nuevamente) en el objetivo de la presente declaración debo decir que, a partir del momento que supe de la existencia de la citada M. (o “Bola”), empecé a escuchar historias sobre ella. Sin embargo, en ningún momento estas historias me resultaron más sorprendentes que otras historias que escuchaba acerca de otros colaboradores y personal fijo de la revista. No, en realidad, allí lo extraño, lo raro, era no encontrarse con historias sorprendentes en cada encuentro físico a lo que asistía. Entiéndase por “encuentro físico” a las presentación de libros o revistas y a las cenas y fiestas que tenían lugar después de estas presentaciones. Podría extenderme mucho en este punto, pero creo que se aleja del objetivo de la presente declaración, como ya he dicho, y temo ser amonestado nuevamente. Por tanto, concluyo aquí esta parte de mi declaración.


La declaración de A. V. F. se aplaza hasta nueva orden.



DOCUMENTACIÓN QUE APORTA EL INTERESADO.

Sobre el citado libro “Vida de parado”:

Doc 1:

https://www.jotdown.es/2023/02/vida-de-parado-cronica-de-lo-que-no-se-conto-y-nacimiento-de-un-escritor/


Doc 2:

https://revistapurgante.com/vida-de-parado-de-alfonso-vila-frances/



Anexo legal:


El declarante afirma haber realizado su declaración de modo voluntario, sin haber recibido coacciones o amenazas de ninguna índole. También declara que los errores u omisiones que puedan existir se deben a causas no deliberadamente provocadas por el declarante de esta declaración.